Recientemente se ha vuelto popular la creación de espacios tales como MediaLabs y otras formas de laboratorios sociales. Estas organizaciones de innovación sugieren el uso del modelo abierto del laboratorio, donde se hacen disponibles tanto utensilios como instrumentos (ya sean de trabajo o de medición), como un entorno en el cual se puede experimentar con este material, y donde se ponen en contacto personas que, quizás, nunca hayan estado relacionadas con el mundo académico o emprendedor de ninguna forma, permitiéndoles co-crear investigaciones y productos de forma independiente.

La experiencia que ofrecen estos lugares es tan diversa, que muchos espacios variados (principalmente museos de ciencia y de tecnología) han empezado a ofrecer este mismo servicio, con un enfoque especializado en la producción científica con metodologías experimentales. Ya sea como parte de un plan educativo o simplemente como un negocio prestado a individuos interesados, estos laboratorios sociales trasladan las ideas de la cultura DIY a la esfera de la ciencia ciudadana, otorgando los medios para que las personas aprendan a hacer ciencia con su práctica, enseñándoles a solucionar problemas particulares de su comunidad con investigaciones empíricas. De esta forma, ayudan a distribuir el conocimiento científico de una forma más didáctica y útil de forma inmediata, algo muy distinto a las prácticas tradicionales del aprendizaje en escuelas y a través de libros.

Estos sitios no solamente ofrecen un lugar donde trabajar, sino también una comunidad que reune una gran variedad de actores: organizaciones sin fines de lucro, gobiernos, empresas sociales, y por supuesto, principalmente, ciudadanos comunes. La confluencia de estos entes, se debe a que el laboratorio social es un lugar primariamente diseñado para la creación y experimentación de nuevas ideas, un lugar donde cualquiera puede probar, proponer, inventar, y encontrar nuevas ideas o hipótesis. Esto obliga a los laboratorios sociales ser espacios que sobrevivan al constante cambio, a la reconfiguración de sus herramientas según las necesidades de los usuarios, ser espacios flexibles y abiertos donde se pueden encontrar soluciones rápidas y conclusiones certeras sin importar el reto al cual se este afrontando.

A pesar de su novedad, es un modelo que promete, mezclando aspectos de resolución de conflictos, estudios innovadores, aprendizaje didáctico e organización espontánea en una combinación que podría tener un impacto bastante significativo en los modos de trabajo, en donde se desenvuelven tanto ciudadanos como emprendedores y científicos. Por supuesto, hay un número de problemas que plantean la forma en la que existen actualmente: el riesgo de que sus usuarios se vuelvan parte del precariado (forma coloquial de definir un empleo con escasas condiciones laborales), volviendo estos espacios un lugar de trabajo extraoficial, fuera del alcance de normativas laborales y derechos que les otorgaría un empleo más formal.

¿Que laboratorios sociales existen actualmente?

La institución que inmediatamente viene a la mente cuando pensamos en modelos experimentales de laboratorio es el MIT Media Lab, una comunidad de investigación que activamente promueve «una cultura única y antidisciplinaria que fomenta la mezcla no convencional de áreas de estudio supuestamente dispares«. Apoyado por una multitud de organizaciones en industrias y negocios variados, su principal misión es, mediante este arreglo en el que estudiantes de distintas esferas de la ciencia trabajan juntos, crear «tecnologías disruptivas que ocurren en las franjas, liderando áreas como computación, indumentaria, interfaces tangibles … desde enfoques digitales al tratamiento de enfermedades neurológicas, hasta tecnologías avanzadas de imagen que pueden ‘ver alrededor de una esquina’.»

Dentro de esta comunidad, existe una multitud de programas conjuntos en los que sus integrantes trabajan con colaboradores del MIT. Cualquiera que desee ver los resultados de esta fuente de experimentación y espacio de distintas perspectivas, solamente necesita ir a su canal de YouTube, donde están alojados tanto conferencias y charlas como presentaciones cortas (menos de 5 minutos) de proyectos particulares, desarrollados por los investigadores. Es fácil apreciar como su uso de técnicas y herramientas aplicadas llevan a resultados un tanto interesantes y prometedores, como impresoras 3D que integran procesos biológicos en la fabricación de objetos. Sin duda un modelo interesante a pesar de su obvia restricción en cuanto al volumen y formación del personal que trabaja ahí.

A pesar de que esta organización en particular solamente abarca la comunidad particular de los estudiantes del MIT, existen otros proyectos con un grado de accesibilidad mucho mayor, tal como el Medialab Prado de Madrid, España. Este proyecto se trata de un laboratorio verdaderamente ciudadano, en el que cualquiera puede realizar propuestas y trabajar junto a otras personas en los proyectos que deseen. Su visión es de un laboratorio que sustente comunidades de aprendizaje y de práctica conformadas por personas de todo tipo de trasfondos, experimentando con metodologías y modos de trabajo en el proceso, transformándolos conforme se desarrollan proyectos ‘culturalmente libres’.

Para este propósito, se hace un espacio completamente abierto al público, donde se acogen numerosos grupos de trabajo involucrados en el prototipado de una multitud de proyectos. Mediante una plataforma online y numerosas fases de producción y debate, se genera «un contexto de intercambio de conocimientos y habilidades en torno a un problema colectivo«, y para solucionar estos problemas, se promueve la utilización de herramientas libres y código abierto. Periódicamente Medialab Prado publica información acerca de proyectos para los cuales se requieren propuestas, y después en los talleres en que se desarrollen estas propuestas se puede tanto ser promotor del proyecto como trabajar directamente como un colaborador. Aparte de ser un espacio donde pueden colaborar las personas, también se suelen alojar conferencias y actividades relacionadas dentro de el.

Alrededor del mundo existen un multitud de similares espacios cuyo objetivo es integrar al ciudadano común en el proceso científico, planteándose como una especie de transformación tanto de la forma en la que se distribuye el conocimiento y se capacitan las personas, como del proceso de innovación y colaboración, con un enfoque social. Iniciativas tales como el SociaLab, que comenzó en Colombia, la Honey Bee Network, o el Climate CoLab, permiten a cualquier persona que disponga de tan solo un poco de curiosidad y algo de tiempo trabajar en proyectos científicos a gran escala, en cuestiones de traducción, diseño, mentoría, y por supuesto, análisis, investigación, y experimentación.

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